jueves, 10 de septiembre de 2009

El arte de improvisar


La otra noche, navegando por Internet me encontré con un artículo que hablaba de un arte japonés llamado Suibokuga.

Según el artículo, la esencia de esta particular forma de arte visual está en obligar al artista a ser espontáneo. Para lograrlo, el artista tiene que pintar un pergamino delgado extendido con un pincel especial y pintura negra de acuarela, de tal manera que un brochazo forzado o interrumpido destruirá la línea o atravesará el pergamino. No son posibles los borrones ni los cambios.

Estos artistas deben practicar una disciplina específica, la de permitir que la idea se exprese a sí misma en combinación con sus manos de forma tan directa que no puede interferir la deliberación. Ojo con esto último: no existe espacio para la duda ni la indecisión.

Las pinturas resultantes carecen de la composición compleja y las texturas de la pintura convencional, pero se dice que aquellos que saben ver encontrarán algo capturado que escapa a cualquier explicación.

Según palabras de Bill Evans, pianista estadounidense de jazz, y autor de la introducción al disco Kind of Blue de Miles Davis, donde hace cita a este arte japones:esta convicción de que la acción directa es la reflexión más llena de significado, en mi opinión, ha inducido la evolución de disciplinas extremadamente severas y especiales como son las del jazz o de la música basada en la improvisación.”

Evans se refiere obviamente en su introducción a la improvisación en la música, sin embargo para nosotros es fácil encontrar un interpretación nueva para el “arte de fluir en un par de esquíes”, donde el lienzo no es otra cosa que a nieve recién caída y en vez de un solo pincel, tenemos dos…

Lla forma en la cual se fluye en una montaña recién nevada pude llegar a ser un arte específico, parafraseando un poco el artículo, llevar el arte a la montaña sería: “…permitir que la idea se exprese a sí misma en comunicación con los esquís de forma tan directa que no puede interferir la deliberación…”

(Fuente: blog surfkultura.com)

miércoles, 9 de septiembre de 2009

Sesión de esqui y randonee

Hace mas o menos dos semanas atrás, en un día posterior a ese temporal de nieve y lluvia que duró como 6 días, subimos con Felipe y Jorge a esquiar en un día que prometía ser excelente (después de una nevada de mas de un metro, asi que imagínense), sin embargo el clima quiso otra cosa y cuando comenzamos a subir por el Benno ya se empezaba a sentir el viento norte que corría arriba tirando nieve polvo como una verdadera cascada blanca por las cornisas (formando windslab brígido...jejeje).


Ya una vez en el Pillin, el viento era tan fuerte que te llevaba al espacio cualquier cosa que se te cayera (sobre eso pregúntenle al Felipe que perdió un guante que mas encima era prestado...) y pese a haber nevado recién, con el viento la nieve estaba con una capa de cartón corrugado que hacía que esquiar ahi fuera lo mismo que pasar por esos reductores de velocidad que hay en la carretera.

Si bien las condiciones no eran las mas ideales igual se pasaba bien, sobre todo cuando bajabas por ese pequeño valle que hay al lado norte del pillín y que esta mas protegido, no había nada de viento y la pista estaba sin pisar, por lo que tenías algunos momentos de tranquilidad, lo otro es que había excelente visibilidad (de todas las condiciones para esquí en la montaña, la visibilidad es para mi una de las más importantes).

Como al medio día nos empezamos a aburrir de andar todo el rato en los mismos lugares de siempre y como andabamos con las pieles nos tiramos a subir por el fresco (que estaba cerrado para variar) buscando alguna bajadita buena para darle.


Cuando hibamos llegando al final del arrastre nos percatamos de una muy buena bajada que se veía limpia y en cierta forma no tan afectada por el viento, ya que se veía bastante lisa la pared.


Cuando empezamos a subir nos dimos cuenta que tenía un angulo bastante mas pronunciado de lo que pensabamos, sobre todo para subirlo con pieles (si no teníamos cuidado al mover los esquis las pieles no agarraban bien en la nieve):


Cuando llegamos arriba, la vista fué espectacular, el sol se veía entre las nubes y por algunos momentos el viento cesó y nos dió los minutos justos para bajar la famosa pala (como dicen los españoles...jaja ) sin problemas.

Lo mejor de días así es que pese a que las condiciones no son las mejores, siempre hay algo que la montaña te puede entregar: el observar la magnitud de la fuerza de los elementos, el frío y lo grandes que son los cerros nevados, nos hace darnos cuenta de una verdad profunda y primitiva: el ser humano sin ninguno de los artificios que se fabrica para hacer frente a los elementos (lease ropa termica, parkas de gore-tex, botas, guantes, esquis, etc.) es absolutamente indefenso, tan indefenso como un niño recien nacido; esto es justamente lo que mucha gente debería alguna vez conocer: el hombre es un ser debil, tan debil que no puede hacer frente al mundo en solitario, por lo que no tiene nada por lo cual ser arrogante. Comprender esto nos lleva a la humildad, la cual a su vez nos lleva a conocer nuestra posición en el universo, quienes somos y cual es nuestra mision.