
Durante los siglos XVIII y XIX, comenzaron a surgir en distintos lugares del mundo, empresas con cada vez más grandes y complejas operaciones. Corporaciones mineras, fábricas de acero y compañías de ferrocarriles se convirtieron con el tiempo en instituciones enormes, con un alto nivel técnico, y con requerimientos crecientes en cuanto a la inversión necesaria para continuar su crecimiento. Esto último trajo consigo que fuera cada vez más difícil encontrar socios inversionistas con la suficiente capacidad financiera para constituir o asegurar a estas compañías por medio de su inversión. Por otro lado, cuando estas compañías tenían problemas de tipo financiero, laboral, social o legal, los socios no tenían el dinero suficiente para cubrir eventuales daños.
Por las razones expuestas, es que en los países industrializados de esa época se implementó un límite a la responsabilidad del inversionista o propietario de una compañía, definiéndose de ésta manera una cantidad determinada mínima de perjuicio del cual se le podía considerar responsable, haciendo una distinción entre la persona dueña de la empresa y la empresa misma.
De esta forma, se separó a los individuos de la responsabilidad de los actos que hacían sus empresas, permitiendo que durante más de un siglo muchos propietarios de compañías hayan podido ignorar, económica, psicológica y legalmente, los límites de las sustancias tóxicas presentes en los alimentos que venden, la destrucción de los recursos pesqueros, la tala indiscriminada de bosques nativos, la contaminación de ríos y lagos por parte de las faenas mineras, la deuda, etc.
Quizá se tenga la tentación de pensar que hoy en día esas cosas han cambiado de algún modo u otro. Han surgido con el tiempo algunos conceptos tales como el de responsabilidad extendida del productor, o el de responsabilidad social empresarial, los cuales lamentablemente se prestan para confundir el hecho de que la verdadera y única razón de ser de las corporaciones lucrativas (empresas) es la de generar riqueza para sus dueños (inversionistas). Tener claro esto último permite reconocer que la verdadera función de las empresas no es garantizar que los niños crezcan en entornos libres de productos químicos, ni respetar la autonomía o la existencia de los pueblos indígenas, ni proteger la integridad vocacional o personal de los trabajadores, ni diseñar sistemas de transporte ambientalmente sanos, ni proteger la vida de éste planeta. Y que nadie se engañe: tampoco es función de las empresas el servir a las comunidades o “crear empleo”. No ha sido nunca así ni nunca lo será.
El que muchas personas esperen que las empresas hagan algo que no esté condicionado por la búsqueda constante de incrementar sus riquezas, se puede explicar solo por medio de una ignorancia de parte de la ciudadanía de la historia de la cultura occidental, sus prácticas habituales, la estructura actual del poder y sus sistema de recompensas. El esperar de las empresas acciones motivadas únicamente por la virtud, el amor o el compromiso, sería desconocer todo lo que se sabe sobre la modificación del comportamiento: recompensamos por lo que hacen a quienes invierten en corporaciones o las dirigen; por lo tanto, se puede esperar que continúen haciéndolo. Esperar que las empresas actúen de otro modo es simplemente un error.
Las empresas de responsabilidad limitada son instituciones creadas específicamente para separar a las personas de los efectos de sus acciones, haciéndolas, por definición lógica, inhumanas y deshumanizadas. Si una sociedad quiere vivir en un mundo humano y para los humanos, y más aún, si quiere prevalecer al paso del tiempo, debe eliminar las empresas de responsabilidad limitada.
Actualmente estamos tan absorbidos por este sistema, en donde el trabajo para algunas personas ha pasado de una forma de vida, a una necesidad y prácticamente a una obligación, lo cual se nos valora de forma monetaria para poder subsistir a las necesidades, que en gran medida son impuestas por la sociedad.
ResponderEliminarEste tipo de empresas a las que se refiere mi fiel compañero, están demostrando una sociedad que no les interesa asumir responsabilidades, dejando de lado valores, en donde la ética pasa a ser una confusión de actos responsables e irresponsables. Estas empresas de responsabilidad limitada no se limitan a la hora adquirir socios, lo cual se refleja en cierta medida las diferencias culturales que pueden tener los socios, ni restricciones de edad. Hoy en día las empresas pretenden no ser miradas como simples generadoras de trabajo y riquezas, si no que quieren adoptar un papel mucho más “notable” haciéndola sentir bajo normas de cada país, derechos, ambiente y desarrollo. Como comenta mi compañero, es un mero pretexto “servir a la comunidad, medioambiente, empleo, etc.” La empresa es negociador notable, dice; Te doy empleo, pero das el máximo, planto arboles, pero comentas a la sociedad que cuido el ambiente, doy beneficios a la comunidad, pero soy el patrocinador, te doy un sueldo, pero cumplo las normas”, Simplemente “Un zorro vestido de cordero”.
Salu2